La agresividad y la intolerancia del ateísmo

Religiosos violentos, mas violentos que los ateistas | Ximinia

Jerusalén, esa joya del desierto, ese meadero celestial en la arena, desde la que ha rezumado la Peste Negra espiritual del Medio Oriente, esparciéndose por el mundo como una aceitosa pestilencia, contaminando todo lo que toca como una gruesa pátina de ignorancia piadosa. Sólo que no la llamamos ignorancia, la llamamos fe.

Últimamente he estado escuchando muchos quejidos y lloriqueos en la prensa sobre el ateísmo agresivo e intolerante, como si eso de algún modo fuera malo. Parece que la religión puede atacar a otros, pero no tolera ningún ataque, como un asaltante callejero que llama a la policía cuando sus víctimas se defienden.

El ateísmo agresivo es en realidad ateísmo defensivo, porque ahora nada es más agresivo que la religión política. Ser un ateo o securalista en estos días ya no se trata de renunciar a algo, sino de defenderse. Por lo tanto, cualquier ataque que reciba la religión merece ser diez veces peor. Y además, no creo que se pueda ser demasiado agresivo al defender la libertad de expresión, que, por supuesto, es absolutamente sagrada, como todos sabemos. Mucho, mucho más sagrada de lo que cualquier dios, profeta o escritura es, será, o podrá ser, desde hoy hasta el fin de los tiempos o por la eternidad, lo que dure más.

A veces la gente me dice: "Eres tan intolerante como la gente que criticas". ¿En serio? ¡Espero que sí, porque alguien tiene que serlo! Sobre algunas cosas soy muy intolerante y no tiene sentido intentar negarlo. Veamos: ¿Misoginia y sexismo? Soy extremadamente intolerante con ambos. Espero que no se ofendan por ello. ¿Racismo? ¿Antisemitismo? No, con eso no soy tolerante, me temo. Lo siento. ¿Homofobia, quizás? No tengo ni una pizca de tolerancia. Caray, sí que tengo problemas, ¿verdad?

¿Qué hay de la crueldad con los animales? De nuevo, ninguna tolerancia en lo absoluto. Pero prepárense, porque eso no es ni la mitad. No sólo soy abierta y descaradamente intolerante sobre estos temas, sino que si se usa la religión como excusa para alguno de ellos, me vuelvo agresivamente hostil y, lo que es peor, no me disculpo por ello, porque no hay nada por lo que deba disculparme. Y ustedes tampoco.

Siempre me dijeron que debo respetar los sentimientos de la gente. Bueno, pero ¿qué hay de mis sentimientos? ¿Qué de la repugnancia total que siento al pensar en el Dios del desierto y los horribles pensamientos y acciones que inspira? Este dios es mi Satanás; cuando oigo su nombre, huelo azufre. Cuando oigo sus palabras, huelo a muerte. Veo que su inmunda religión ha contaminado el mundo en el que tengo que vivir, mucho peor de lo que podría hacerlo cualquier combustible fósil. Y veo que todo lo que a este dios se refiere ha sido diseñado expresamente para envenenar nuestra experiencia de vivir en la Tierra, no para mejorarla. Para mantenernos temerosos, suprimir el conocimiento, restringir la libertad y la creatividad y para celebrar la muerte. No es otra cosa que la estupidización santificada de la raza humana. Y exigir que se le respete es un insulto que merece ser devuelto con considerables intereses.

La religión no merece ningún respeto, porque: a) no brinda ningún respeto, y b) no presenta ninguna evidencia. La evidencia, de hecho, no es bienvenida, porque elimina la necesidad de la fe, ¡y eso sería un desperdicio de esa falsa virtud!

La fe es una de las tres falsas virtudes, las otras dos son la devoción y la moralidad. No son tanto una trinidad como tres hermanas feas. A diferencia de las brujas de MacBeth, que ven el mundo en un caldero, éstas tres tratan de convertirlo en una hoguera, alabado sea Dios, y siguen muy activas.

Entre los muchos dones de éstas agradables musas tenemos el conflico de Medio Oriente, para empezar, y ese es un regalo que parece interminable. Para no mencionar el cáncer en su centro: Jerusalén, esa joya del desierto, ese meadero celestial en la arena, desde la que ha rezumado la Peste Negra espiritual del Medio Oriente, esparciéndose por el mundo como una aceitosa pestilencia, contaminando todo lo que toca como una gruesa pátina de ignorancia piadosa. Sólo que no la llamamos ignorancia, la llamamos fe.

Que palabreja horrible es esa: fe, que exuda un aura falsa de pureza y virtud, mientras da soporte a las ideas más horribles que ha visto este planeta. Cierra los corazones de la gente cuando debería abrirlos. Hace que se enorgullezcan de cosas que deberían avergonzarlos, y los avergüenza de cosas que deberían enorgullecerlos.

Cuando observamos el barbarismo violento del mundo islámico, vemos que ninguna acción noble es demasiada depravada para una mente que se permite la total licencia que le da la fe. Si uno le toma completamente la palabra a este dios, se puede ser igual que él: un mostruo maligno y sin corazón, y sentirse bien por ello.

Incluso en el mundo occidental, nada es tan deshonroso que la fe no pueda desinfectarlo. Recuerden que fue la fe la que privó a los gays en California de sus derechos civiles más básicos el mismo día que los Estados Unidos elegían a un presidente negro. Fue la fe la que convenció a los cristianos negros a relegar a los gays a la parte de atrás del autobús. Y todo esto sería espantoso en sí mismo, pero, debido a la libertad de acción que le damos siempre a esta falsa virtud de la fe, la religión está totalmente fuera de control. Ya tiene por la garganta a las Naciones Unidas, y está promoviendo una ley mundial sobre la blasfemia para proteger a la gente de escuchar algo que extraiga a sus mentecitas de la Edad de Piedra.

El concepto mismo de blasfemia es una ilustración perfecta de la cobarde inmadurez de la mente religiosa y del vacío de la religión misma. Si la religión contuviera alguna verdad, podría insultársela, ridiculizársela y hasta profanársela, sin disminuírsela en modo alguno. Su verdad brillaría pese a ello, sin opacarse ni alterarse, reduciendo a quienes la maltrataran a un silencio avergonzado. Pero las cosas no son así.

La religión es irritable, intolerante, ultradefensiva, precisamente porque es quebradiza y frágil. Tiene la solidez de un merengue. Es todo frente y nada de sustancia. Tuvo miles de años para probar sus afirmaciones, y todo lo que produjo son sofismas, violencia, y una moral abigarrada que avergonzaría a una cascabel. Y la cháchara insustancial de la clerecía ya no puede ocultar el simple hecho y llano de que allí no hay nada.

La única verdad sobre la religión es que es falsa. Su pretensión de conocimiento superior es risible; ni siquiera tiene conocimiento inferior. Ni una sola de sus afirmaciones absurdas sobre la realidad tiene una esperanza en el infierno de sostenerse en una corte, y es hora de que dejemos de tratarlas como si se sostuvieran.

Es todo lo que decimos y todo lo que pedimos. Y el que piense que eso es demasiado agresivo, ya sabe lo que puede hacer. Y si no lo sabe, no tengo ningún problema en decírselo.



La agresividad y la intolerancia del ateísmo La agresividad y la intolerancia del ateísmo Reviewed by Pepe Pilato on 21:08 Rating: 5

2 comentarios:

  1. Sr Pilato: he pasado por aquí casi por accidente y leía su artículo. Veo que nadie ha reaccionado. ¿No le dice eso algo a usted? Eso es lo que deja el fanatismo. Pero yo lo voy a complacer.
    1. Su escrito deja ver mucho dolor. ¿Ha sido usted maltratado o avisado por algún religioso o iglesia?
    2. La mayoría de sus razones están basadas en la negra historia de la Iglesia Católica y el fanatismo del Islám. Pero juzgar a todas las religiones basado en eso no es ser objetivo. Está equivocado.
    3. La fe no es exclusiva de la religión. Muchos científicos ponen su fe en encontrar explicación a la realidad usando ciertas teorías con la esperanza de hacerlo sin la necesidad de Dios. Pero la mayoría de las teorías se han volcado en contra del ateísmo.
    4. El ateísmo intolerante de Stalin y Mao Tse Tung mataron muchas más personas que la cualquier iglesia. ¿Ese es el ateísmo al cual usted aspira?
    5. La religión cristiana se sostiene por sí misma cuando es verdadera. Ejemplo de lo contrario son los imperios griego y romano que tanta influencia tuvieron en el mundo occidental pero no pudieron sostener la mitología por ser falsa.
    6. Finalmente existe un mito entre los ateos. Dicen que los creyentes no presentan evidencia de sus creencias. Le aseguro que yo las tengo.
    Ahí les dejo algo para que desahoguen su agresividad e intolerancia. Pero le recomiendo que se tome algo para la presión.

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  2. Aclaro la oración #1: ¿Ha sido usted maltratado o abusado por algún religioso o iglesia? es lo que debió decir.

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