Fiesta en la cancha, crisis en las calles: Así fue el millonario e histórico inicio del Mundial 2026 en que México salió victorioso

 


México volvió a ser el epicentro del futbol. Por tercera ocasión en su historia volvía a ser sede de una Copa Mundial de Futbol; eso sí, compartido con Estados Unidos y Canadá, pero el partido inaugural se jugaría en México. Todo estaba puesto para que México brillara como anfitrión y volviera a hacer historia en una justa mundialista.

La cita era en la cancha del Estadio Azteca —que por razones comerciales ahora se hace llamar Estadio Banorte, aunque la FIFA lo llama Estadio Ciudad de México (?)—. Una cita a la cual solo los más acaudalados podían asistir. Y así fue. El estadio estaba repleto de aficionados con gran capacidad económica. Este fenómeno que se presentó en las tribunas del estadio solo es consecuencia de los estratosféricos precios de los boletos, a los cuales sólo los más adinerados de este país tuvieron acceso.

Un evento que, se supone, debería ser del pueblo —que es el que más consume futbol—, terminó siendo únicamente para unos cuantos. Unos cuantos que ni siquiera frecuentan el futbol.

Pero no era el único asunto social que se estaba robando los reflectores. En los alrededores de la ciudad, el caos se había apoderado de las calles. Las marchas, protestas y plantones también habían llegado a la cita mundialista.

Desde días antes, los integrantes de la CNTE —vándalos con diplomas de docentes— habían tomado las calles en busca de más dinero y poder, a costa de un gobierno que los revivió y los utilizó como moneda de cambio durante las campañas electorales, como ha venido sucediendo durante las últimas décadas con todos los gobiernos. “Traición con traición se paga”, decía una de las pintas de la coordinadora, algo que explica perfectamente la relación entre ambos bandos.

Los “maestros” han desquiciado la ciudad afectando a propios y extraños, yendo más allá de sus derechos de protestar libremente. Todo, por supuesto, con la complicidad del gobierno que no tiene idea de cómo contener a los cuervos que ellos mismos criaron, y que han mermado el inicio del Mundial, pero sobre todo, han pisoteado los derechos de los demás.

Pero también estaban las protestas legítimas, como la de las madres buscadoras, a quienes el gobierno ha humillado, criminalizado, utilizado como discurso político y convertido en sus adversarios. Al igual que a la CNTE, a ellas tampoco las dejaron llegar al estadio porque, supongo, no querían arruinar la fiesta mundialista, la mayor prioridad del gobierno en estos momentos.

Con las protestas medio neutralizadas, el caos maquillado con ajolotes y el Fan Fest plagado, ahora sí, de pueblo raso, México le daba la bienvenida a otro Mundial más.

Por cierto, una inauguración a la cual la presidenta Sheinbaum evitó ir. La razón es más que evidente: no quería ser abucheada por el estadio entero. Ya Miguel de la Madrid en el Mundial del ‘86 había recibido una rechifla monumental, un momento que pasó a la historia, y Claudia Sheinbaum no quería escribir su nombre al lado de De la Madrid y también pasar a la historia.

Ceremonia de inauguración

El tan ansiado día por fin había llegado. México tenía una cita con el destino y un contrato con la FIFA que cumplir. El día de la inauguración había llegado y era hora de que el balón Trionda comenzara a rodar en la mítica cancha del Estadio Azteca/Banorte/Ciudad de México, ¿y qué mejor que hacerlo con una espectacular, única y original ceremonia de inauguración… verdad?

Había cierta expectativa en torno a la inauguración. Se esperaba mucho, se esperaba poco (o nada), y al final me parece que vimos una inauguración aceptable. Una inauguración como tenía que ser. El Mundial no es la NFL como para andar haciendo espectáculos de medio tiempo al estilo Super Bowl; nunca ha sido la idea de la FIFA echar la casa por la ventana en la ceremonia de apertura de un Mundial, ¡y ni mucho menos ha tenido la intención de imitar o acercarse a las inauguraciones de los Juegos Olímpicos! Es por eso que el show que vimos en la ceremonia de inauguración del Mundial 2026 fue el adecuado.

No se exageró, pero tampoco se quedó corta. Fue somera y falta de fastuosidad, tal vez, pero fue como tenía que ser. Fue un evento pulcro, que nunca perdió el ritmo y que nos mantuvo atentos hasta el final.

Primero vimos una muy breve representación de la cultura prehispánica amenizada por Lila Downs, quien dio un mensaje de bienvenida en mixteco y náhuatl. Luego, apareció Maná para ponerle ritmo al ambiente y encender las pasiones. Unos segundos después, el estadio completo se puso a cantar “Oye mi amor” —para que vean que puede comprarlo todo, menos el buen gusto—. Más tarde, hacían acto de presencia Los Ángeles Azules, Belinda, el intelectual J Balvin, el famosísimo Danny Ocean y Shakira, que ya lleva más mundiales que cualquier otro jugador. ¿Que pudo haber sido más espectacular? Sí, quizás, pero la logística o la falta de interés fue el factor principal.

Luego de esto, los equipos saltaron al terreno de juego para realizar los ejercicios de calentamiento, y el público estalló en emoción. A los jugadores mexicanos los ovacionaron y a los sudafricanos los abuchearon, como tenía que ser. Y minutos antes del inicio del partido, otra ceremonia protocolaria.

Andrea Bocelli y Sandra Ejea aparecieron en escena para interpretar el tema oficial del Mundial 2026 —aunque si hubieran interpretado “Dios está aquí” nadie se hubiera dado cuenta—. Mientras esto sucedía, las banderas de los países se iban formando de a poco alrededor del emblema de la Copa Mundial 2026. Esta parte de la ceremonia fue más solemne y simbólica. No hay mucho que decir al respecto; nadie sabe quién es Sandra Ejea y Andrea Bocelli siempre canta con los ojos cerrados.

El partido

Y entonces el partido comenzó. México y Sudáfrica hacían rodar el balón y daban inicio a otro Mundial más. Otro Mundial en México, otra razón para olvidar los problemas, aunque sea por noventa minutos.

El favorito era México. Porque era local y porque era mucho más equipo que Sudáfrica; la balanza se inclinaba hacia la escuadra tricolor. Sudáfrica no tenía nada que perder; México, sí.

La Selección Mexicana movió el balón y desde el primer momento se adueñó de él. Manejaba las acciones y era quien marcaba el ritmo del partido. La tensión era evidente en ambos equipos, aunque los nervios eran más notorios en el cuadro azteca. Sudáfrica, replegado en su zona, esperaba atento. No era un partido dinámico, pero México comenzó a generar las primeras llegadas que hacían que el público se emocionara; un público extasiado, sediento de emociones y ansioso de gritar el primer gol.

Mientras los “oles” aparecían sin motivo aparente, México mantenía la posesión y ejercía mayor presión sobre el área visitante. El gol parecía inminente, pero México no encontraba el camino para marcar el primer tanto del encuentro. Estábamos viendo un equipo dominador pero sin ideas claras, hasta que gracias a un error en la salida del rival, México se encontraría con un balón que no iba a dejar escapar.

Una pelota robada por Erik Lira fue rematada por Julián Quiñones, quien sacó un disparo potente que se incrustó en las redes y desató el grito de gol en el Azteca. México lo ganaba uno a cero. El gol que todos esperaban había llegado. Quiñones terminó de naturalizarse al anotar el primer gol del Mundial para México.

Y aunque el gol vino a aplacar los nervios y la ansiedad, lo que nunca llegó fue la calma y las ideas. Y es que, a pesar de la anotación, México no supo manejar esa ventaja y dejó de ir al frente para buscar con pundonor el segundo tanto. Así como usted lo escucha (o lee); lo que sucedió después fue un compendio de errores. Errores en la toma de decisiones, tanto colectiva como individualmente. México fue incapaz de ampliar la ventaja ante un equipo sudafricano que, desde los primeros minutos, estaba predispuesto a que lo golearan. En efecto, conforme iba avanzando el primer tiempo, Sudáfrica se iba haciendo más pequeño, y México nunca pudo mostrar cierto orden para llenarle la canasta de goles a los africanos.

Andrés Medina y así llegamos hasta la segunda mitad, donde el cuadro azteca seguía ganando pero aún sin convencer. Y no convencía porque era más que evidente que podía ser mucho más efectivo, mucho más contundente. Las emociones y las pasiones generadas por el primer gol se iban diluyendo al ver que México no marcaba el segundo tanto; ahora había una ligera sensación de incomodidad porque el Tri no podía concretar ante un rival que claramente no estaba ejerciendo nada de resistencia. Sudáfrica era un cheque en blanco, y México lo estaba desperdiciando. Por fortuna, la crisis ya no es tan grave como hace algunos meses y, con todo y estas carencias ofensivas, México encontraría la segunda anotación gracias a la pericia de Raúl Jiménez. De cabeza, al 67’, Jiménez le regresó el ánimo a la afición y volvía a desatar la locura en el renovado Azteca.

Sí, México ahora lo ganaba dos a cero, pero era insuficiente. Dos goles era muy poco para el amplio dominio que el Tri había mostrado y por el endeble e inverosímil rival que tenía enfrente. Y no, no pudo ampliar la ventaja; no dio para más. La Selección Mexicana tuvo que conformarse con un dos a cero descafeinado.

Sí, es verdad, México tenía la obligación de ganar, y ganó, pero la sensación de que pudo haber avasallado al rival con un futbol más brillante y contundente, y además haberlo reflejado en el marcador, es bastante fuerte y caló hondo en la afición mexicana.

Y no es para menos. México se terminó desdibujando en la recta final del partido al no poder dominar a un equipo que se había quedado con nueve jugadores, ¡y aun así México no pudo ampliar la ventaja!

¿Por qué México no mostró un futbol más eficiente y así reflejarlo en el marcador? La realidad es que México dio todo de sí. Y si no rindió más, es porque no hay más. Este es el nivel del México actual. No olvidemos que la Selección Mexicana viene saliendo de una crisis futbolística terrible, y lo que vimos ante Sudáfrica es reflejo de ello. Y aunque hay que darles el beneficio de la duda por ser el primer partido del Mundial, en un escenario y momento abrumador, queda claro que México tiene muchas cosas por modificar si quiere trascender en este Mundial.

Tras los partidos amistosos, todos esperábamos un equipo más dinámico, al menos en actitud, pero lo que vimos fue a un equipo atrabancado, torpe en ocasiones, que generaba llegadas pero que no sabía cómo resolverlas. Se perdía en el manejo del balón y las aproximaciones se diluían. Además, no supo aprovechar el gol que cayó apenas al minuto 9’; en lugar de extender esa ventaja, finiquitar el partido desde la primera mitad y lucirse en el segundo tiempo, prefirió echarse atrás y esperar más errores del rival. Esto provocó que cayera en la desesperación al momento de buscar el segundo tanto, lo que a su vez se tradujo en un futbol errático e ineficiente.

Fin del partido

Así transcurrió, pues, la inauguración del Mundial compartido. Noventa minutos de emociones y alegrías que sirvieron como escaparate, como válvula de escape, quizás no para todos, pero que sí hicieron sonreír a medio país.

La falta de contundencia fue notable. Tanto en la generación de ideas como en la calidad individual y colectiva, el equipo quedó a deber (a excepción de Quiñones, que sí estaba metido en el partido y terminó sorprendiendo por su desempeño); ante un rival mejor trabajado, más agresivo y con mayor calidad, México no sale bien librado.

Además del manejo de partido, que fue bastante pobre, pues en lugar de imponer condiciones dejó que un contrincante débil se atreviera a seguir yendo al frente, lo que más preocupa del equipo nacional es la falta de gol; no puedes generar tantas y fallar la gran mayoría.

En conclusión, México debió haber ganado con mayor claridad y autoridad. Aunque al final se impuso, evidenció muchas carencias, sobre todo en la parte ofensiva. Cuando juegas contra nueve y no puedes ni anotar un solo gol, y además te expulsan a un jugador (César Montes), es porque tu planteamiento no fue el adecuado y la calidad futbolística escasea. Esto último fue más que evidente en los cambios del Vasco. No fueron un revulsivo; al contrario, opacaron aún más el accionar del equipo, que simplemente se nubló ofensivamente. No, los cambios no le funcionaron a Javier Aguirre, y eso también es preocupante.

México jugó con lo que tenía y le alcanzó para un merecido triunfo. ¿Le alcanzará para avanzar a la siguiente ronda? Muy probablemente sí. ¿Le alcanzará para hacer historia en el Mundial que se juega en casa? Jugando como lo hizo ante Sudáfrica, lo dudo.

Pero tras el silbatazo final, aquellos que no tenían nada que celebrar solo querían que México y el mundo supieran una estadística que la FIFA no mostró: +133 mil personas no gritaron gol. 

Fiesta en la cancha, crisis en las calles: Así fue el millonario e histórico inicio del Mundial 2026 en que México salió victorioso Fiesta en la cancha, crisis en las calles: Así fue el millonario e histórico inicio del Mundial 2026 en que México salió victorioso Reviewed by José L. Bravo on 8:14 p.m. Rating: 5

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