Una derrota interminable

México pierde 0-7 vs. Chile en los Cuartos de Final de la Copa América Centenario USA 2016 | Ximinia

Resultados extraordinarios requieren de argumentos futbolísticos extraordinarios. México no tenía argumentos que sustentaran sus resultados positivos, por lo tanto, sus resultados positivos se debían a la pobreza de sus adversarios...

Apagado, desconectado, descompuesto... Perdido. Sin inspiración, sin ambición, sin actitud; sin gallardía. Vacío. Un equipo sin futbol. Un equipo futbolísticamente hueco.

México es un país que no aprende de sus errores, y el deporte no escapa de ésta particularidad. La Selección mexicana es un buen ejemplo para describir a una sociedad que cae, se levanta, y vuelve a tropezar (y a veces con la misma piedra).

La anterior eliminatoria mundialista, donde México mostró su peor cara, donde desplegó su peor futbol y donde casi queda eliminada (ante equipos que ni siquiera estaban en su mejor momento), suponía un cambio radical, drástico en las entrañas de futbol mexicano. No fue así. Pecamos de ingenuos al creer que algo cambiaría. A pesar de los vergonzosos episodios en aquella eliminatoria, a pesar de que la Selección mexicana tocaba fondo una y otra vez, las cosas no cambiaron; de hecho, dentro de la crisis, se seguían cometiendo errores, y al final, cuando todo "regresó a la normalidad", es decir, cuando México calificó al Mundial (vía repechaje), todo se olvidó, como si nada hubiera sucedido.

No se aprendió nada. Aquella histórica lección ahora es una simple anécdota; simples cosas del futbol que no vale pena tomar en serio.

Henos aquí, siendo testigos de otro negro episodio en la historia del futbol mexicano. No, México no aprende de sus errores.

¿Otra lección para olvidar?
El resultadismo también es cosa de todos los días en el futbol mexicano. Nadie toma en cuenta el funcionamiento de un equipo cuando el marcador es favorable. Ésto en la Selección mexicana se magnifica. No importan las formas, sino el resultado. Lo que vimos en los 22 partidos de México, previo a la mascre chilena, se puede constatar el resultadismo de los directivos, medios, afición y hasta del propio Osorio.

Desde la llegada del técnico colombiano, la Selección comenzó una racha de triunfos ante equipos realmente precarios, que no le exigían gran cosa al cuadro azteca. Las victorias llegaban sin parar, pero las formas en que se conseguían dejaban mucho que desear. Desde su primer partido, Osorio ya había comenzado a girar la ruleta tricolor; la absurda idea de conseguir un equipo sólido y competitivo en base a la rotación de futbolistas, había comenzado.

Hasta el último partido invicto (ante Venezuela), México no le había ganado a nadie, y peor aún, no había mostrado un funcionamiento claro y definido, que a pesar del poco tiempo que Osorio llevaba en la Selección, era como para mostra cierto avance. No había un dominio del juego. No se veía reflejado en la cancha el afamado estilo de Osorio. Los resultados positivos se daban por chispazos individuales y por la escasa compettiividad de los rivales.

A pesar de que México daba visos de mediocridad, nada se hizo al respecto; Osorio continuó con la rotación de jugadores --porque Osorio cree que si en un club su "estrategia rotatoria" funciona, entonces en una Selección también--, y nadie criticaba el funcionamiento del equipo que no iba a hacia ningún lado.

El golpe de realidad llegó ante Chile, que entre una mezcla de accidente e incapacidad de competir, México se colapsó de manera inimaginable; desde 1961 no recibía 7 goles (8-0 vs. Inglaterra). Lo peor fue la manera en que recibió esos siete goles. Desde un principio se veía venir una goleada; el equipo completo tenía cara de que iba a ser goleado. Pero fue más lamentale todavía la poca resistencia que exhibida por el conjunto mexicano.

Chile dio un partido casi perfecto. Su medio campo fue espectacular. Un medio campo que dio origen a una ofensiva poderosa, peligrosa y espeluznantemente contundente; durante la primera parte, Chile llegaba poco pero con peligrosidad, en el medio tiempo aumentó su poder ofensivo y fue cuando masacró a un México moribundo. Defensivamente no fue puesto a prueba porque México no tenía proyección ofensiva. De hecho, México no tenía la más mínima idea de qué hacer a la hora de atacar, comenzando con su medio campo, de donde salía pero sin saber qué hacer para llegar al campo rival. Las individualidades brillaron por su ausencia --"Tecatito" Corona, Chicharito, Guardado, Layún, etc., desaparecieron entre la incapacidad para sincronizarse y hacer un juego colectivo aceptable--, el juego de conjunto nunca apareció.

Seco de ideas, de imaginación y de carácter. Cuando había que sacar la casta y demostrar que sí se podía vencer a un rival más fuerte (un rival que en teoría era "ligeramente" favorito), fue cuando México se acomplejó y todo le salió mal.

Perdido entre un mar de calidad, México no salió vivo a la hora de defender y buscar equilibrar el partido. Parecía responder después del primer gol, pero era sólo la imaginación de los aztecas, porque Chile era quien había cedido el espacio. Chile estaba jugando con el rival para luego acribillarlos.

El desorden del cuadro tricolor era terrible. Nadie sabía qué hacer, cómo defender, cómo salir, cómo atacar o cómo neutralizar el vertiginoso ataque de los andinos. Desorden total.

La diferencia entre un equipo y otro fue abismal. Parecía que Chile estaba enfrentando a un equipo caribeño, y no al "Gigante de la Concacaf". Ahora, el 0-7 no representa la diferencia futbolística entre ambas Selecciones, pero deja claro que Chile posee un mayor nivel competitivo, producto de un proyecto serio y responsable, y no de un proyecto que se reinicia o inventa cada cuatro años.

México fue rebasado por calidad individual pero sobre todo por calidad estratégica; Chile tiene un equipo trabajado, que tiene años siguiendo una misma línea, una misma idea. Chile domina su idea y estilo. México pretendía dominar un estilo y funcionamiento con jugadores casi improvisando posiciones y jugando cada dos partidos. Para colmo, Juan Carlos Osorio fue incapaz de arreglar al equipo y evitar que la derrota pasara a la historia.

Línea por línea, Chile fue superior. Demostró cómo juega un equipo sólido, puso la muestra de lo que es un equipo competitivo, y no uno que basa sus victorias en la carencia de los demás y que engaña y se autoengaña con los resultados.

Al mal funcionamiento, al poco trabajo táctico y al poco dominio del estilo, se le vino a sumar una mala noche, una de las peores noches. Un mal día donde tienen que ver los jugadores y director técnico Una noche de terror que terminó con un 0-7 inesperado que queda como lección; el problema es si mañana el futbol mexicano recordará la lección, o se le habrá olvidado como otras tantas veces.

No, no fue el día de México, pero el descalabro, que dejó casi cuadrapléjico al Tricolor, pudo haber sido menos catastrófico si el equipo ya hubiera tenido un equipo más trabajado, un 11 fijo y un grupo de jugadores más decididos.

¿Debería Osorio dejar el puesto?
Me parecería apresurado destituir a Osorio de la Selección. Y no por darle un voto de confianza debido al poco tiempo que llevaba con el equipo mexicano, ni por darle el beneficio de la duda (porque me parece que Osorio difícilmente va a cambiar su forma de dirigir), sino porque la salida de Osorio no arreglaría nada. Y no arreglaría nada porque el problema de la Selección, del futbol mexicano en general, es algo que se tiene que solucionar desde la raíz.

Echarías a Osorio, pero el problema real, que hace que México haga tremendos papelones, seguirá existiendo.

Yo ya he hablado tanto al respecto que da flojera volver a repetir del porqué de los problemas de la Selección. Así que creo que basta con decir que el problema del futbol mexicano va más allá de los jugadores y entrenadores.

Una partido tan abominable, sólo refleja el mal manejo del futbol mexicano. Esto pasa cuando un deporte se maneja como negocio... Yo sigo pensando que los problemas de la Selección en las eliminatorias, de los clubes exhibiendo su mediocridad en torneos internacionales, y el pobre crecimiento del nivel futbolístico y la corta proyección en torneos como Copa América, Confederaciones y Mundial, se debe a quién y cómo se maneja el deporte en México. Y esto no sólo pasa con el futbol; échenle un ojo a la Conade.



Foto | AP


Una derrota interminable Una derrota interminable Reviewed by José L. Bravo on 9:01 p.m. Rating: 5

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